La meditación es, en gran medida una cuestión de entrenamiento mental mediante el proceso de atender conscientemente a algunos tipos específicos de experiencias positivas - experiencias que a veces surgen de forma natural en el transcurrir cotidiano del vivir. Los muchos centenares de técnicas formales de meditación que se encuentran en las diferentes tradiciones religiosas o seculares a lo largo y ancho del mundo pueden útilmente considerarse como pertenecientes a una o una combinación de las siguientes categorías amplias:
La meditación de la "consciencia del respirar", por ejemplo, es primordialmente una práctica de meditación concentrativa en la que uno asienta la mente atendiendo a las sensaciones de respirar como foco. En la meditación del "desarrollo de la amabilidad cariñosa" (metta bhavana) el meditador cultiva una actitud de amabilidad cariñosa usando la memoria, la imaginación y la consciencia de las sensaciones corporales. Sin embargo, en cualquier de estas prácticas de meditación es preciso mantener un equilibrio guiar la atención conscientemente (liderar) y estar receptivo a la experiencia que esté surgiendo (seguir). Esta actitud de atención abierta y receptiva es el énfasis de las prácticas de meditación del tipo reflexivo. La meditación reflexiva involucra volver a traer la atención repetidamente a algún tema, estando abierto, una vez más, a lo que surja.
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